WannaCry: El ciberataque: pulsar un botón y desenchufar el mundo | Internacional | EL PAÍS

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Reconstrucción del ataque que paralizó los sistemas informáticos de más de 170 países. El próximo podría causar el caos a escala global

El virus, bautizado WannaCry por sus creadores, se expandió el viernes 12 de mayo con una velocidad y una profusión pocas veces vista. Los atacantes, según los expertos, utilizaron unas herramientas robadas en agosto del año pasado a la NSA, la agencia de inteligencia norteamericana, difundidas luego por Wikileaks. Este tipo de agresiones se suelen lanzar por correo electrónico, por lo que se necesita que el usuario caiga la trampa y haga clic en un enlace; pero en este caso el virus penetraba por conexiones y puertos abiertos donde se comparten ficheros. Un ataque ideal para golpear a redes de ordenadores conectados entre sí, como empresas y oficinas gubernamentales.

El hacker argentino César Cerrudo explica que la digitalización hace que la sociedad progrese pero a la vez nos hace más vulnerables. Y el próximo, como mostró este ciberataque, podría afectar a cualquier sistema: Gobiernos, empresas, hospitales, sistemas de justicia. Cualquier dispositivo conectado a Internet corre el riesgo de ser asaltado. Estaríamos ante un futuro con tintes apocalípticos. El propio Cerrudo y un compañero demostraron hace poco que podían controlar robots, que en unos años formaran parte de nuestra vida como los móviles o las tablets. “En la siguiente generación los asistentes personales como Siri tendrán cuerpo y podrán moverse. Imagínate poder controlarlos desde fuera”, reflexiona en voz alta.

La primera llamada de un afectado que recibe en el Centro Criptológico Nacional español, un organismo adscrito al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), fue del departamento de seguridad corporativa de Telefónica. En la misma situación están compañías automovilísticas, bancos y ministerios de medio mundo, aunque la mayoría lo oculta. Son las 10.30. Luis, que en ese momento ya ha llamado a su pareja diciéndole que se frustra el viaje, pide una copia del virus para que puedan analizarlo. Al recibirlo y ejecutarlo en una de sus máquinas, comprueba que se trata de un malware común, sin un desarrollo muy complejo. Lo novedoso es su indetectabilidad, opaco para el 60% de los antivirus. Poco después, desde Londres se ponen en contacto con ellos para preguntarles si saben lo que está ocurriendo. Los informáticos españoles les envían de inmediato una copia de WannaCry.

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